Era diciembre, los adornos navideños iluminaban las ventanas de las casas, el espíritu ya se podía sentir.
Ese año mi familia y yo decidimos que antes de celebrarla santa navidad merecíamos una vacaciones por eso contratamos un paquete de alojamiento en el resort “Sunrise” en Tonsupa Esmeralda.
Cuando mi madre me informó sobre el viaje me emocione demasiado, no podía esperar más que llegara el día, exactamente faltaban dos semana que se me hicieron eternas.
Así 18 de diciembre partimos para la provincia verde para pasar unos días inolvidables. Lo primero que hicimos allí fue visitar su hermosa playa donde nos recibieron unas chicas quienes nos ofrecieron peinarnos con unas hermosas trenzas que eran muy características del lugar. Incluso hasta hacían masajes con aceites aromáticos para tener una mayor relajación.
Luego, pagamos un paseo en lancha donde navegamos por un buen tiempo, lo admito, al principio tenía muchos miedo pues era la primera vez que me subía en una lancha pero después me entretuve admirando el hermosos paisaje y la felicidad de mis familia y el susto se me quitó.
Luego salimos a almorzar unos deliciosos mariscos en un restaurante cercano de la playa. Con el estómago lleno y el corazón contento nos regresamos al hotel, reposamos un rato y como el día todavía estaba joven bajamos a la piscina que para nuestra suerte estaba sola, no había nadie más que nosotros. Ya un poco cansados dejamos la piscina y nos dispusimos a ir a comprar comida para la merienda.
Ya al siguiente día solo pasamos una rato más en la piscina y de allí ya nos regresamos a casa, fueron las mejores vacaciones de mi vida.
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