lunes, 29 de octubre de 2018

El DÍA EN QUE LA JUSTICIA ME DEFRAUDO.


Era un sábado como cualquier otro hasta que un vecino que llegaba de pasar una tarde de chicos en la tranca llegó muy nervioso en su moto. Sus manos eran como dos maracas que temblaban al son de sus nervios y el pobre apenas podía hablar.

Tiempo después llegaron los otros chicos que habían pasado dicha tarde con él y como estaban mas calmados nos pudieron explicar la situación. Resultaba ser que el vecino se había pasado un semáforo en rojo y un policía lo persiguió desde ese momento. El quiso parar, pero tenía miedo de que se diera cuenta que estaba ebrio, pues se había tomado unas copas de más así que soplo lo más rápido que pudo hasta que lo perdió de vista.

Sin embargo, el policía logró localizarlo en el callejón donde vivimos, pero con lo que él no contaba es que entre todos ayudamos a esconder la moto en una de las casas del barrio para cuando llegara el señor policía no se la pudiera llevar detenida.
los nervios estaban a flor de piel, aún más con el sonido de la sirena que cada vez se acercaba al callejón. El policía no tardó mucho en llegar, se había confundido de callejón, pero al final llegó con una imponente presencia preguntando por aquel chico que había cometido la imprudencia de pasarse un semáforo en rojo.

Estaba más indignado que los hijos del yugo por semejante falta de respeto, pues a pesar que le dió señales para frenar el vecino no lo había hecho y huyó. Le pidió los papeles e inventó que no estaban en regla para poder llevarse la moto.

Y fue allí cuando la tensión empezó a subir, el poli se había dado cuenta que la moto estaba oculta así que nos amenazó para entregarla, lo hicimos para no tener más problemas, pero el sujeto se empezó a portar más grosero y nos empezó a insultar solo por defender y ayudar a nuestro vecino. Esto llevo que entre todos nos uniéramos y no dejáramos llevar a la moto, ya no nos importaba el uniformado, a toda costa impediríamos dicha injusticia. 

Al ver nuestra rotunda oposición el tipo llamó a refuerzos, que al llegar convirtieron al callejón en un campo de batalla, tiraron gas lacrimógeno, apuntaban con armas de fuego, liberaban a perros para que atacaran. Paralelamente nosotros nos defendíamos con silla, palos de madera, bombas creadas a mano con una botella, gasolina y fuego entre otras cosas, en realidad lo primero que encontráramos en el suelo o en casa.

Al final la resistencia no duró mucho, los polis fueron y su “autoridad” prevaleció más, tanto que no solo lograron detener a la moto sino también a la mayoría de los vecinos que habían participado en el conflicto. ese día aprendí que no siempre se puede confiar en las personas, en especial en aquellas que se suponen te debían proteger y hacer justicia pues hasta ellas se les puede subir el poder a la cabeza y abusar del pueblo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario