lunes, 5 de noviembre de 2018


Eran dos chicas que se conocieron desde muy chicas, Kate y Johana, estudiaron y crecieron juntas, pero lo que ellas no sabían es que detrás de ella había una historia que las uniría más allá de la amistad.

Doña Macarena, quien Johana conocía como madre de Kate, hace años había perdido a su hija biológica, se la arrebataron de sus brazos cuando nació. Lo único que pudo calmar el dolor de aquella madre fue adoptar a una hermosa niña que necesitaba de sus cariño y protección (Kate).  

Tras años de búsqueda, Macarena se había rendido y pensó que jamás la encontraría sin saber que siempre la tuvo cerca de ella. Pues sí, era nada más ni nada menos que Johana ¿Cómo lo supo? Fue en su cumpleaños, hasta en ese momento no se había dado cuenta que ella tenía una marca de nacimiento, la misma que le vio hace años a su pequeña hija que acababa de dar a luz.

Tras surgir las sospechas, ella interrogó a Johana sobre la vida de su mamá, ella le comento que no había nada interesante solo que había ejercido como enfermera en el hospital de la ciudad, pero renunció por problemas personales.

lunes, 29 de octubre de 2018

Mis vacaciones en Esmeralda.

Era diciembre, los adornos navideños iluminaban las ventanas de las casas, el espíritu ya se podía sentir.
Ese año mi familia y yo decidimos que antes de celebrarla santa navidad merecíamos una vacaciones por eso contratamos un paquete de alojamiento en el resort “Sunrise” en Tonsupa Esmeralda.
Cuando mi madre me informó sobre el viaje me emocione demasiado, no podía esperar más que llegara el día, exactamente faltaban dos semana que se me hicieron eternas.
Así 18 de diciembre partimos para la provincia verde para pasar unos días inolvidables. Lo primero que hicimos allí fue visitar su hermosa playa donde nos recibieron unas chicas quienes nos ofrecieron peinarnos con unas hermosas trenzas que eran muy características del lugar. Incluso hasta hacían masajes con aceites aromáticos para tener una mayor relajación.
Luego, pagamos un paseo en lancha donde navegamos por un buen tiempo, lo admito, al principio tenía muchos miedo pues era la primera vez que me subía en una lancha pero después me entretuve admirando el hermosos paisaje y la felicidad de mis familia y el susto se me quitó.
Luego salimos a almorzar unos deliciosos mariscos en un restaurante cercano de la playa. Con el estómago lleno y el corazón contento nos regresamos al hotel, reposamos un rato y como el día todavía estaba joven bajamos a la piscina que para nuestra suerte estaba sola, no había nadie más que nosotros. Ya un poco cansados dejamos la piscina y nos dispusimos a ir a comprar comida para la merienda.

Ya al siguiente día solo pasamos una rato más en la piscina y de allí ya nos regresamos a casa, fueron las mejores vacaciones de mi vida.

El DÍA EN QUE LA JUSTICIA ME DEFRAUDO.


Era un sábado como cualquier otro hasta que un vecino que llegaba de pasar una tarde de chicos en la tranca llegó muy nervioso en su moto. Sus manos eran como dos maracas que temblaban al son de sus nervios y el pobre apenas podía hablar.

Tiempo después llegaron los otros chicos que habían pasado dicha tarde con él y como estaban mas calmados nos pudieron explicar la situación. Resultaba ser que el vecino se había pasado un semáforo en rojo y un policía lo persiguió desde ese momento. El quiso parar, pero tenía miedo de que se diera cuenta que estaba ebrio, pues se había tomado unas copas de más así que soplo lo más rápido que pudo hasta que lo perdió de vista.

Sin embargo, el policía logró localizarlo en el callejón donde vivimos, pero con lo que él no contaba es que entre todos ayudamos a esconder la moto en una de las casas del barrio para cuando llegara el señor policía no se la pudiera llevar detenida.
los nervios estaban a flor de piel, aún más con el sonido de la sirena que cada vez se acercaba al callejón. El policía no tardó mucho en llegar, se había confundido de callejón, pero al final llegó con una imponente presencia preguntando por aquel chico que había cometido la imprudencia de pasarse un semáforo en rojo.

Estaba más indignado que los hijos del yugo por semejante falta de respeto, pues a pesar que le dió señales para frenar el vecino no lo había hecho y huyó. Le pidió los papeles e inventó que no estaban en regla para poder llevarse la moto.

Y fue allí cuando la tensión empezó a subir, el poli se había dado cuenta que la moto estaba oculta así que nos amenazó para entregarla, lo hicimos para no tener más problemas, pero el sujeto se empezó a portar más grosero y nos empezó a insultar solo por defender y ayudar a nuestro vecino. Esto llevo que entre todos nos uniéramos y no dejáramos llevar a la moto, ya no nos importaba el uniformado, a toda costa impediríamos dicha injusticia. 

Al ver nuestra rotunda oposición el tipo llamó a refuerzos, que al llegar convirtieron al callejón en un campo de batalla, tiraron gas lacrimógeno, apuntaban con armas de fuego, liberaban a perros para que atacaran. Paralelamente nosotros nos defendíamos con silla, palos de madera, bombas creadas a mano con una botella, gasolina y fuego entre otras cosas, en realidad lo primero que encontráramos en el suelo o en casa.

Al final la resistencia no duró mucho, los polis fueron y su “autoridad” prevaleció más, tanto que no solo lograron detener a la moto sino también a la mayoría de los vecinos que habían participado en el conflicto. ese día aprendí que no siempre se puede confiar en las personas, en especial en aquellas que se suponen te debían proteger y hacer justicia pues hasta ellas se les puede subir el poder a la cabeza y abusar del pueblo.