Era un sábado como cualquier otro hasta
que un vecino que llegaba de pasar una tarde de chicos en la tranca llegó muy
nervioso en su moto. Sus manos eran como dos maracas que temblaban al son de
sus nervios y el pobre apenas podía hablar.
Tiempo después llegaron los otros
chicos que habían pasado dicha tarde con él y como estaban mas calmados nos
pudieron explicar la situación. Resultaba ser que el vecino se había pasado un semáforo
en rojo y un policía lo persiguió desde ese momento. El quiso parar, pero tenía
miedo de que se diera cuenta que estaba ebrio, pues se había tomado unas copas
de más así que soplo lo más rápido que pudo hasta que lo perdió de vista.
Sin embargo, el policía logró
localizarlo en el callejón donde vivimos, pero con lo que él no contaba es que entre
todos ayudamos a esconder la moto en una de las casas del barrio para cuando
llegara el señor policía no se la pudiera llevar detenida.
los nervios estaban a flor de piel,
aún más con el sonido de la sirena que cada vez se acercaba al callejón. El policía
no tardó mucho en llegar, se había confundido de callejón, pero al final llegó
con una imponente presencia preguntando por aquel chico que había cometido la imprudencia
de pasarse un semáforo en rojo.
Estaba más indignado que los hijos
del yugo por semejante falta de respeto, pues a pesar que le dió señales para frenar
el vecino no lo había hecho y huyó. Le pidió los papeles e inventó que no
estaban en regla para poder llevarse la moto.
Y fue allí cuando la tensión empezó a
subir, el poli se había dado cuenta que la moto estaba oculta así que nos amenazó
para entregarla, lo hicimos para no tener más problemas, pero el sujeto se empezó
a portar más grosero y nos empezó a insultar solo por defender y ayudar a
nuestro vecino. Esto llevo que entre todos nos uniéramos y no dejáramos llevar
a la moto, ya no nos importaba el uniformado, a toda costa impediríamos dicha
injusticia.
Al ver nuestra rotunda oposición el
tipo llamó a refuerzos, que al llegar convirtieron al callejón en un campo de
batalla, tiraron gas lacrimógeno, apuntaban con armas de fuego, liberaban a
perros para que atacaran. Paralelamente nosotros nos defendíamos con silla,
palos de madera, bombas creadas a mano con una botella, gasolina y fuego entre
otras cosas, en realidad lo primero que encontráramos en el suelo o en casa.
Al final la resistencia no duró
mucho, los polis fueron y su “autoridad” prevaleció más, tanto que no solo
lograron detener a la moto sino también a la mayoría de los vecinos que habían participado
en el conflicto. ese día aprendí que no siempre se puede confiar en las
personas, en especial en aquellas que se suponen te debían proteger y hacer
justicia pues hasta ellas se les puede subir el poder a la cabeza y abusar del
pueblo.